El rol de las redes sociales en las elecciones panameñas para la Presidencia 2019-2024
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El rol de las redes sociales en las elecciones panameñas para la Presidencia 2019-2024

El rol de las redes sociales en las elecciones panameñas para la Presidencia 2019-2024

Ahora que ha pasado la euforia que causa la política en pleno apogeo, nos toca analizar a todos cómo nos fue. Como país, como ciudadanos. Desde el punto de vista democrático, tenemos que seguir trabajando. Y aunque al final el presidente electo fue elegido por la mayoría, lo cierto es que los resultados demuestran una gran división del electorado panameño. Pero ese es tema para otro artículo.

¿Qué tan importantes y cuánta incidencia tuvieron las redes sociales en esos resultados? Para muchos, en esta contienda electoral ganaría quien reinara en las redes. Y de alguna manera podría pensarse que por el alcance que tienen y su gran don de la inmediatez en efecto podrían incidir en estas elecciones. Sin embargo, no hay que olvidar que se calcula que un 30% de la población votante serían esos jóvenes (menores de 30 años) que todos trataron de cautivar por medio de las redes.

¿Pero qué pasa con el resto de la gente? ¿Se puede ganar solo con ese porcentaje? Ha ocurrido en otros países, recientemente, pero lo cierto es que las redes sociales por sí solas no pueden hacer todo el trabajo. En primer lugar, hay una parte importante de personas a las que dejamos por fuera si solo tomamos en cuenta a ese 30% de la población. ¿Y qué pasa con los que no son tan tecnológicos o no pueden pagar wifi? O los que no están todo el día pendiente o las personas mayores que aun prefieren otros medios… los tradicionales. Es importante alcanzar a la mayor cantidad de personas posibles. No se gana una elección con solamente una parte de los electores. Al final, eso es lo que ocurrió. Por más que los jóvenes tenían un gran peso. Y, sin importar la inversión, no hubo conexión con las mayorías.

 Las redes sociales ofrecieron información sobre los perfiles de candidatos, planes de gobierno, entrevistas y hasta noticias falsas. Y todo gratis. Incluso permitieron la interacción sin intermediario del público con los candidatos –los que lo explotaron más– en donde hacían preguntas directas o enviaban sus opiniones y sugerencias en Facebook Live, Instagram o Twitter. No se puede dudar de la gran capacidad de difusión y alcance que tienen, hasta para “hacer virales” campañas sucias que luego tocaba aclarar o denunciar.

 Sin embargo, es importante ver la otra cara de la moneda de la comunicación por redes, especialmente porque a veces la información pierde objetividad o se tergiversa, o la fuente no es fiable. Por otro lado, sirvieron de plataforma para candidatos independientes y para los que tenían menos recursos.

Aun así, no importa en qué medio de comunicación o a través de cuál plataforma o red social se hizo campaña, o cuánto dinero se invirtió en medios tradicionales. Lo más importante a la hora de promocionar o vender un producto –o un candidato, en este caso– es precisamente la calidad de lo que promocionamos. Lo que ofrecemos. Y la creatividad con que lo hacemos. Es el producto (el candidato), acompañado de un mensaje claro, directo y sencillo pero que llegue (la campaña y su creatividad), a través de todos los medios posibles –porque en un país hay varios elementos y tipos de personas que van a votar (los medios convencionales y digitales)–, fijándose siempre contra quiénes se compite (en el mercado), en qué contexto social (y político) está el país, y qué necesidades son las más apremiantes para convencer y llevar a esas personas a elegir y votar por el producto –candidato– que promocionamos (algo así como lograr la venta del producto).

 Las redes sociales no son una varita mágica. Y aunque funcionaron en fenómenos políticos como la Primavera Árabe, y recientemente en nuestro vecino Costa Rica, lo cierto es que en Panamá se requiere una mezcla de medios distinta. Encontrar el balance entre los medios tradicionales, las plataformas digitales y las redes sociales es la clave. A la hora de competir para ganar en ese ese mercado ávido de información y de buena calidad no hay cabidas para las exclusiones.