EL EQUIPAJE
22027
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EL EQUIPAJE

EL EQUIPAJE

Por:
LUCÍA BONADÍES MORA
Presidente y Gerente General de
INSIGHT PUBLICIDAD, S. A.

Recuerdo el día en que me graduaba del colegio. Amanecí llena de energía y entusiasmo; habría de “comerme el mundo”, como toda jovencita de 18 años. Y para eso, estudiaría Periodismo. Sí. ¡¡¡Para hablar por todos aquellos que tuviesen una historia que contar y no han podido!!!

Mi padre no me lo decía, pero estaba furioso conmigo. Quería heredarme su negocio para lo cual me había preparado durante muchos años; y yo, de buenas a primeras, me le escabullía con este cuento de la “Libertad de Expresión”, de la “Igualdad Laboral entre Hombres y Mujeres”, del “No Maltrato Infantil”, y demás cosas que no dan de comer, como decía él.

Pero, yo estaba decidida a luchar por mis ideales… Y otros miembros de la familia se manifestaron solidarios. Mi abuela, por ejemplo, se apareció en mi habitación esa mañana temprano, con una sonrisa de oreja a oreja y me obsequió una máquina de escribir portátil y mecánica, marca Olimpia, nuevecita, la cual me acompañaría en todas mis investigaciones noticiosas por todo el planeta.

Más tarde entró mi hermana, un poco más joven que yo, que me deseaba lo mejor, así que ahorró mucho para obsequiarme un Ordenador de Palabras, eléctrico, marca IBM, muy moderno, que ella estaba aprendiendo a usar en el colegio. A mi hermana le pareció que así podría yo escribir más rápido mis notas periodísticas.

A media tarde entró a mi habitación mi hermano menor. Me trajo algo fuera de este mundo… Estaba aprendiendo en clases algo llamado “cómputo” y tuvo la fortuna de ganarse en una rifa de su colegio una computadora IBM, cuyo programa era Linux. El desprendimiento de mi hermano me dejó sin palabras, por eso su regalo me pareció fuera de este mundo. Según él, yo podría guardar mis escritos y corregirlos tantas veces como yo así lo necesitara en el agitado mundo de las noticias.

 

En fin, luego de tan importantes regalos, y muchos años que han pasado desde entonces, mi conclusión es que las herramientas cambian.  Lo que creemos que es la última maravilla, luego no lo es. Por eso no debemos aferrarnos a ninguna idea en particular. Lo que hoy es funcional, mañana pudiera no serlo más.

Nuestra mente se adapta a los cambios, y no sólo sobrevive. Es capaz de proponer soluciones nuevas. Los objetivos marcan la ruta y el sentido común y los conocimientos te permiten seguir avanzando, si eres capaz de cuestionar las cosas, claro está. De lo contrario te estancas. Te quedas encapsulado en el tiempo…

Pero ¿cuáles son los factores que a veces no te dejan seguir o despegar?

Mi teoría es que vienes a este mundo con una maleta vacía. A medida que creces, las personas que te rodean te aportan 3 cosas básicas en el equipaje: sus verdades, sus virtudes y sus defectos (sí, lastimosamente eso también).

Y, como los amas mucho, los aceptas como son. A tal punto que, sin darte cuenta, empiezas a repetir la mayoría de las cosas que ellos hacen, sin cuestionarte si están en lo correcto, o no; o si todos sus criterios aplican bien o encajan en tu vida diaria; o cómo estos afectan tu desempeño profesional o personal. Tú crees que tienes todo bajo control, y en el fondo sabes que hay aspectos de tu vida que podrían estar mejor. Pero andas repitiendo ciertos patrones como un perfecto Papagayo…

Lo cierto es que, cuando llegas a cierta edad, y ya te has dado tus buenos cascarazos, resulta que esa maleta está muy llena y tu hombro está algo lastimado de tanto andar a cuestas con todo lo que le has ido metiendo al equipaje. Entonces, decides hacer un alto, abrir la maleta y echar un vistazo a conciencia, porque últimamente hay cosas complicadas a tu alrededor.

De pronto descubres que la maleta está llena de buenas ideas y buenas voluntades, de seres que te aman, pero cuyas herramientas y equipos funcionaban muy bien en otro momento y circunstancias, en otras regiones, con otras mentalidades. Entonces decides sacar todo aquello (sea bueno o malo) que no te deja despegar hacia nuevos horizontes. Te quedas con los conceptos básicos y vas aplicándolos a los equipos actuales.

Pero lo más importante es analizar muy bien los consejos, pues estos responden al nivel de educación y de referencias de quien te los da. Por ejemplo, hay consejos que responden a temores no superados. Por lo tanto, te invitan a ser conservador, a no arriesgar nada, a no entregar nada. A “que otro lo haga primero”. Sí… Como los Hermanos Wright, que se inventaron el “avión”.  O el Sr. Rockefeller, que se iba a la quiebra porque la electricidad desplazaba a la lámpara de Querosén y fue tan necio, que sus químicos finalmente le trajeron algo llamado “gasolina”.

El equipaje que llevas también lleva tu personalidad, tu discernimiento, tu análisis crítico y madurez. Yo solía preguntar: ¿Por qué se puede ser tan terco? ¿Por qué aferrarse a una sola idea? ¿Qué impide ver otras alternativas? Si bien la terquedad es buena en cierto modo, también puede costarte el trabajo, por ejemplo. Cuando creces en un ambiente dominado por la terquedad, lo más probable es que el fundador(a) sea terco(a) por supervivencia (loable, eh) y los demás parientes lo sean por imitación. Entonces, ¿qué precio se paga por usar las herramientas de otras personas?

Si buscas dentro de tu maleta de vida, encontrarás la respuesta. Lo más probable es que estés imitando un patrón de comportamiento o estés en modo de “reacción” (defensivo, pasivo, aletargamiento, parálisis por análisis) y no te has dado cuenta, y, si no has tomado conciencia de ello, seguro que no has tomado cartas en el asunto.

Abre tu equipaje. Ordénalo. Quédate con lo que te sirve para seguir. Saca lo que ata tus alas. Libérate de preceptos ajenos. Andarás más ligerito de peso y serás más feliz. Seguro.