EL EQUIPAJE
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EL EQUIPAJE

EL EQUIPAJE

Recuerdo el día de mi graduación del colegio. Amanecí llena de energía y entusiasmo. Como toda jovencita de 18 años, iba a “comerme el mundo”. Y para eso, estudiaría Periodismo. Sí. Para hablar por ¡todos aquellos que no tienen voz!

Mi padre no me lo decía, pero estaba furioso conmigo. Quería heredarme su negocio y yo, de buenas a primeras, me le escabullía con este cuento de la “Libertad de Expresión”, de la “Igualdad Laboral entre Hombres y Mujeres”, del “No al Maltrato Infantil”, y demás cosas que no dan de comer, como decía él.

 Pero bueno, yo estaba decidida a luchar por mis ideales… Y claro, siempre hay otros miembros de la familia solidarios con la causa. Mi mamá, por ejemplo, ya me había comprado una máquina de escribir portátil y mecánica, marca Olimpia, nuevecita, que me acompañaría en mis investigaciones por todo el planeta.

Mi hermana, un poco más joven que yo, entró en mi habitación esa mañana, para recordarme el Ordenador de Palabras, eléctrico, marca IBM, muy moderno, que ella estaba usando en el colegio, porque así podría escribir yo más rápido mis notas periodísticas.

A media tarde mi hermano menor me contaba que él estaba en clases de algo llamado “cómputo” y usaba el programa Linux. Según él, yo podría guardar mis escritos y corregirlos tantas veces como yo así lo necesitara. Algo genial para el agitado mundo de las noticias. Eso sonaba ¡fuera de este mundo!

 En fin, luego de tan sinceras recomendaciones familiares, y de los muchos años que han pasado desde entonces, mi conclusión es que no debemos aferrarnos a ninguna herramienta, idea, fórmula o solución particular. Lo que hoy es funcional, mañana no lo es.

Pero, como de todos modos hay que seguir navegando por el tiempo y sus tecnologías, sugiero trabajar focalizados en objetivos y seguir ampliando la elasticidad de nuestra mente haciendo investigaciones, escuchando opiniones de diversos ángulos, fuentes de diverso tipo (cuantitativa y cualitativa), buscando antecedentes y referencias, trabajando en equipo y obligándonos a pensar en nuevas formas de llegar a soluciones. Quizás tus hallazgos no salven a la humanidad, pero si tus decisiones ayudan a rescatar a un niño, por ejemplo, habrás dejado tu aporte en el mundo.

El otro elemento clave a conservar es más antiguo todavía. Se llama: Sentido Común; que va de la mano con nuestra capacidad de análisis crítico, de cuestionar las cosas, y de no aceptarlas como una verdad absoluta, aunque la mayoría de las personas lo hagan. ¿Recuerdas que la tierra era plana? Entonces: si no cuestionas las cosas, las reglas y las propuestas, tu criterio se estanca, en una piscina de paradigmas, te vuelves rígido, incapaz de moverte; y hasta te vuelves terco, fanático, porque estás defendiendo algo cierto, sin reconocer cuán limitante podría ser ello para tu vida actual.

Pero ¿cuáles son los factores que a veces no nos dejan despegar?

Mi teoría es que uno viene a este mundo con una maleta vacía. A medida que creces, las personas que te rodean te aportan 3 cosas básicas para tu equipaje: sus verdades, sus virtudes y sus defectos (sí, lastimosamente eso también).

Y, como no tienes otras referencias, no cuestionas lo que se te inculca y creces con esas “verdades absolutas”. Sin darte cuenta, empiezas a repetir la mayoría de las cosas de tu entorno familiar y social, sin cuestionarte si aplican o encajan bien en tu vida personal y profesional. Tú simplemente creces creyendo que tienes todo bajo control, y en el fondo sabes que hay aspectos de tu vida que podrían estar mejor. Pero sigues repitiendo aquellos viejos patrones…

Lo cierto es que, cuando llegas a cierta edad, y ya te has dado tus buenos cascarazos, resulta que esa maleta está muy llena ya y tu pobre hombro está algo lastimado de tanto cargar a cuestas con todo lo que le has ido metiendo al equipaje. Entonces, decides hacer un alto, abrir la maleta y echar un vistazo a conciencia, porque últimamente hay cosas muy complicadas a tu alrededor con las que te has estado tropezando.

De pronto descubres que tu maleta está llena de buenas ideas y voluntades, de seres que te aman, pero cuyas herramientas y equipos funcionaban muy bien en otro momento y circunstancias, en otras regiones, con otras mentalidades sociales. Que no todo consejo encaja bien, porque responde al nivel de educación y de referencias de quien te los dio. Entonces, ¿qué precio se paga por usar los paradigmas de otras personas como propios?

Si buscas dentro de tu maleta de vida, encontrarás la respuesta. Lo más probable es que estés imitando un patrón de comportamiento o estés actuando en modo de “reacción” (defensivo, pasivo, aletargamiento, parálisis por análisis). Lo primero es tomar conciencia de ello, y luego tomar cartas en el asunto.

Saca de tu maleta preceptos ajenos, todo aquello (bueno o malo) que no te deje despegar hacia nuevos horizontes, bien sean profesionales, físicos, espirituales o emocionales. Quédate con lo que fortalezca tu libertad como ser humano. Y ahora sí: Ordena tu equipaje. Ten a mano una buena brújula, que apunte hacia objetivos claros. Usa tu sentido común, análisis crítico, espíritu investigativo y valores morales, y ve aplicándolos todos con la ayuda de los equipos y tecnologías actuales, que son muy divertidos, por cierto…